martes, 29 de mayo de 2007

CONTAMINACION VISUAL

La contaminación visual es un tipo de contaminación que hace parte de todo aquello que afecte o perturbe la visualización de sitio alguno: los carteles publicitarios, edificios, muros, etc., hacen parte de esta contaminación que afecta la salud corporal de cualquier individuo o zona donde se encuentren. Principalmente en las grandes ciudades, esta contaminación se hace presente los avisos publicitarios de tamaños voluminosos son cada día más comunes, afectando la fisionomía de cualquier espacio o lugar público.
Podemos analizar que a pesar de que hablemos del consumo televisivo, hablemos de la manipulación de los medios de comunicación en este aspecto de la contaminación visual, somos los que más los aplicamos generalmente esos aspectos de ecología son utilizados como farsas son forma de mantenernos ligados a un ideal en que realmente los que más lo promulgan como gran parte de países "desarrollados", o personas en el propio generan la contaminación visual, para controlar a los más sumisos generado ignorancia y subdesarrollo con la publicidad dañina, mensajes subliminales, psicología a la inversa, publicitaria, visual e incluso auditiva, el psicoanálisis, entre otros.
Este tipo de contaminación percibida a través del sentido de la vista expone diariamente a millones de personas, principalmente en las ciudades, a estímulos agresivos que las invaden y contra los cuales no existe ningún filtro ni defensa.
La contaminación visual se refiere al abuso de ciertos elementos “no arquitectónicos” que alteran la estética, la imagen del paisaje tanto rural como urbano, y que generan, a menudo, una sobreestimulación visual agresiva, invasiva y simultánea.
Dichos elementos pueden ser carteles, cables, chimeneas, antenas, postes y otros elementos, que no provocan contaminación de por sí; pero mediante la manipulación indiscriminada del hombre (tamaño, orden, distribución) se convierten en agentes contaminantes.
Una salvaje sociedad de consumo en cambio permanente que actúa sin conciencia social, ni ambiental es la que avala (o permite) la aparición y sobresaturación de estos contaminantes. Esto se evidencia tanto en poblaciones rurales como en aglomeraciones urbanas de mayor densidad. Pero lógicamente es en las metrópolis, donde todos estos males se manifiestan más crudamente.
Todos estos elementos descriptos influyen negativamente sobre el hombre y el ambiente disminuyendo la calidad de vida.
La cartelería publicitaria es el agente más notorio por su impacto inmediato, creando una sobreestimulación en el ser humano mediante la información indiscriminada, y los múltiples mensajes que invaden la mirada. Así el hombre percibe un ambiente caótico y de confusión que lo excita y estimula, provocándole una ansiedad momentánea mientras dura el estímulo.
La simultaneidad de estos estímulos a la que se ven sometidos, por ejemplo, los automovilistas, pueden llegar a transformarse en disparadores de accidentes de tránsito. Dado que pueden llegar a generar distracción, e incluso a imposibilitar la percepción de las señales indicadoras de tránsito. Esta situación, inevitablemente, actúa también en detrimento de los mismos medios de comunicación, mimetizando los diferentes signos y señales a que se somete a los individuos, camuflándose mutuamente y perdiendo fuerza la clara lectura del mensaje.
Pero estos agentes también afectan notoriamente al espacio físico.
Se ven así fachadas destruidas u ocultas por la superposición de carteles, estructuras metálicas y chimeneas. La arquitectura aparece desvalorizada y miniaturizada. El cielo oculto por cables y antenas. El espacio público desvirtuado e invadido por postes, sostenes de carteles, refugios; el tránsito peatonal entorpecido; y la vegetación destruida. Este panorama es terriblemente agresivo para el hombre común, imaginemos cuánto lo es para un discapacitado, niño o anciano.
Esta situación no sólo atenta contrala belleza del espacio urbano, sino también sobre la lectura poco claraque tienen los individuos del mismo, dificultando la identificación del habitante con su ciudad.
Una ciudad con contaminación visual denota un estado con falta de política para la ciudad, con una regulación deficitaria o inexistente del espacio público y privado. Así las ciudades se convierten en escenarios de millones de decisiones individuales despreocupadas por su entorno, que conviven formando un caos difícil de asimilar por el ojo humano.
La contaminación visual debe ser considerada definitivamente como un tema ambiental, y se debe legislar en concordancia. Se debe tomar conciencia de que no se trata solamente de intervenir sobre medidas y proporciones de carteles. El estado debe tener una política ambiental global con reglas claras y precisas cuya finalidad sea una mejor calidad de vida para todos. Así como la degradación es voluntaria y producida por el hombre también debe ser controlada y modificada por él.





En 2001, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía organizó unas Jornadas sobre Contaminación Visual, en las que se concluyó que se trata de un tema complejo en el que tiene que cooperar toda la sociedad: organismos, entidades y particulares. Sin embargo, los grupos ecologistas sostienen que las diferentes administraciones no se ocupan de este problema y los ciudadanos tampoco exigen solucionarlo.
Por su parte, algunos arquitectos y expertos en publicidad ofrecen una serie de recomendaciones:
Reducción de la cantidad de anuncios: El número excesivo de carteles hace perder el interés por los mismos, lo que tampoco interesa a los publicistas. Por ello, sería conveniente ubicar menos anuncios, más selectivos y adecuados con el medio. Por ejemplo, Atenas retiró desde el año 2000 la mayor parte de los anuncios que colapsaban la ciudad, para ofrecer a los turistas que llegaran con motivo de los Juegos Olímpicos de 2004 una visión más limpia y atractiva de la misma
Seguimiento de normas urbanísticas racionales, evitando elementos recargados o agresivos, o jugar con la luz para dar una sensación más liviana al conjunto, como en el caso de Japón

Consecuencias de la contaminación visual
desorden
accidentes
daños al sistema nervioso
dificultad al transitar
falta de estética
desequilibrio mental o emocional
empobrecimiento panorámica del lugar
Estrés
Dolor de cabeza
Distracciones peligrosas (especialmente al volante)
Problemas ecológicos (se rompe el equilibrio ecológico cuando algunas especies se alejan)
Trastornos de atención
Disminución de la eficiencia laboral, mal humor, trastornos de agresividad, etc.